Soy de vinilo, totalmente físico y pegado a la tierra, la vida pasa por mi, me toca y sueno... me gasto, me rayo, porque el contacto directo y analógico hace que cada vez mis surcos tengan menos claridad y brillantez sonora... A veces la mente y el cuerpo van totalmente descompasados. Puedes tener una juventud física casi adolescente y comportarte como un viejo, estar cerrado a lo nuevo, ser inflexible y adocenado... En ocasiones, cuentas ya con una respetable edad y, sin embargo, puedes vestir surfero, salir hasta las tantas y estar al tanto de las modas y tendencias más superficiales... Ahora, me siento en mi sillón, y a mi derecha tengo el progreso, lo virtual, lo maleable y adaptable, el sonido multiplicado y demultiplexado, ceros y unos que son eternos e inalterables, un mundo que conozco y que controlo... A la izquierda, mi nuevo y maravilloso regalo, la maravilla física del contacto de la aguja sobre el plástico, el sonido natural que atiende a nuestra naturaleza de simetría axial... algo casi mágico, extraño a mis entendederas, un constante chasquido que desgasta a cada paso, a cada reproducción, el soporte negro que gira, es lo perecedero, lo fijo, lo físico, lo mortal...
El viernes cumplí años. Ahora ya, por estadística, por convención o por otras diversas razones, no soy joven. Por lo menos no en cuanto a lo físico. La mente digital y virtual, seguirá yendo y viniendo por las distintas edades en las que vivo mi compartimentada vida. Mientras, la aguja del tiempo, irá arañando poco a poco mi físico maduro, dejando su marca en mi salud para hacerme sonar. Así es la vida, nos damos a ella, a cambio de nosotros mismos y, en realidad, es su sentido, porque sin ese contrapunto, ella misma no tendría ninguna razón de ser.
Esa noche muchos de mis amigos, en forma real o de imagen pixelizada, me acompañaron, gastaron su tiempo en mí, cosa que siempre agradezco. Sus sorpresas y su cariño me llegaron... más incluso de lo que pude expresar esa noche tras mis nervios de predispuesto anfitrión. Comimos (poco) y bebimos, cantamos y sonamos, nos quisimos ejerciendo. Nos miramos a los ojos para renovar los constantes votos de complicidad.
Somos consumibles y perecederos, físicos y desgastables, hasta nuestro propio ADN está programado para ello... y yo quiero apurar mis moléculas junto a la gente que quiero...






